Un solo Dios. Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Hoy celebramos el Domingo de la Santísima Trinidad, un misterio que no se explica con la mente, sino que se siente con el corazón y la presencia viva.
Para nosotros los cristianos, la Trinidad es pura vida de hermandad.
El Padre es el refugio, la mano que nos sostiene y el origen de nuestra fe.
El Hijo es el Dios hecho hombre, que nosotros simbolizamos con el Nazareno, que carga con la cruz. Lo conocemos bien: su mirada nos consuela cada vez que rezamos ante nuestros Cristos.
El Espíritu Santo es la fuerza invisible: el pellizco en el pecho, la presencia
Viva, la unión entre los hermanos y la llama de la caridad.
Cada vez que nos santiguamos ante nuestros Titulares, estamos abrazando este misterio.
No buscanos entenderlo; basta con saber que Dios es Amor, es familia y camina a nuestro lado.
¡Feliz día de la Santísima Trinidad, hermanos!
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