lunes, 20 de junio de 2011

FORMACIÓN – CURSO 2011
CONSEJO GENERAL DE HERMANDADES Y COFRADÍAS DE LA ARCHIDIÓCESIS DE BARCELONA




El consejo de Hermandades de Barcelona nos envían la explicación de el padrenuestro en este curso de formación cristiana que va por su sexta edición y que se reparte mensualmente por todas las hermandades de la archidiócesis de Barcelona a continuación os pasamos la entrega del mes.
EL PADRENUESTRO
Danos hoy nuestro pan de cada día…
Empezamos quizás lo que consideraríamos la segunda parte de la oración del Señor.
Algunos pensarían que aquí las peticiones se “materializan”, se “banalizan” o se
“desespiritualizan”. Nada más lejos de la realidad.
El Padrenuestro es la oración de los hijos e hijas de Dios, por lo tanto, debe ser rezada
desde el espíritu de las bienaventuranzas. Y este espíritu impregna nuestra vida en la
tierra, las cosas materiales como las llamadas espirituales; recordemos como en la
anterior entrega decíamos que allí donde se cumple la voluntad de Dios, allí está el
cielo. También en lo referente a nuestra vida humana material.
Todo esta introducción para ver con otros ojos que el creyente, en esta oración pide el
pan; el pan de cada día; de hecho nuestro pan de cada día.
Primero de todo: el auténtico creyente pide el pan para todos; es alguien que ha
entendido que forma una gran familia con todos sus hermanos y hermanas. No está
solo. No está aislado. Busca el Reino de Dios y su justicia, y por eso pide para todos.
Además pide el pan, no pide riqueza ni abundancia; pide pan, sólo lo necesario no
sea que con mucha abundancia le ocurra lo que avisaba el libro de los Proverbios:
“Aleja de mi falsedad y mentira, pobreza y riqueza. Concédeme el pan necesario, no
sea que saciado reniegue de ti o que siendo pobre, robe y profane el nombre de mi
Dios” (Pr 30, 8-9)
Pero el pedir el pan nuestro de cada día a Dios, conforma una mentalidad y una vida
arraigada en la fe y en la confianza en Dios. Todos miramos de ganarnos el pan con el
sudor de nuestra frente, ¿verdad? En cambio el auténtico creyente sabe que si su vida
está centrada en Dios, Él le concederá lo mínimo necesario para vivir (nunca la
pobreza material en forma de miseria ha sido querida por Dios, ni es virtud evangélica).
Recordemos las palabras de Jesús, cunando nos animaba a no estar preocupados por
como vestiremos o como nos alimentaremos ya que si nuestro padre del cielo
alimentaba a los pájaros y vestía los lirios del campo, ¿Cómo no se iba a ocupar de sus
hijos? Esta reflexión no es una llamada a la dejadez, a la despreocupación o a la
vagancia, pero si, a medir con espíritu evangélico si muchas veces nuestras
preocupaciones, “stress” y enfados no provienen demasiadas veces de una falta de
confianza en Dios y de un “mucho” de presencia del tener y de las cosas en nuestro
corazón.
En una segunda lectura más profunda debemos recordar que Dios es el que dio el pan
del cielo al pueblo de Israel en el desierto; un pan del que sólo se podía recoger lo
necesario para un día, ya que de lo contrario se acababa pudriendo. Un pan que
anticipaba las palabras de Cristo: “No sólo de pan vive el hombre” y “Yo sí os daré el
verdadero pan del cielo” es decir, el pan de la Eucaristía y la Palabra de Dios, los dos
alimentos que Cristo nos invita a consumir para que nuestras vidas den fruto y fruto de
amor en el mundo; un mundo que necesita mucho más que pan, pero también pan.
Evidentemente este pan remite a la Última Cena y al cielo como lugar del Banquete
festivo que Dios nuestro Padre nos prepara. Pedir el pan nuestro, es pedir también que
se cumpla la voluntad de Dios en la tierra y que lleguemos a sentarnos en el banquete
celestial.